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Linea Negra
10/06/2021 | Patología cutánea y psiquiátrica, una combinación que se ‘retroalimenta’ con la covid-19
Raquel Serrano
Jue, 10/06/2021 - 08:00
La pandemia, en sí misma, y el confinamiento de los pasado meses de 2020, ha traído aparejados problemas de diversa índole en la salud de los ciudadanos derivados, en la mayoría de los casos, del estrés, del agotamiento y de la incertidumbre.

En el caso de las personas con algún tipo de dolencia mental, otras morbilidades –como las dermatológicas-, también se han visto agravadas, según han podido confirmar los especialistas en ambos campos, un influjo que, no sólo ha afectados a los pacientes, sino que se ha visto reflejado también en los profesionales sanitarios.

Lo que ha quedado claro, pasado el tiempo, es que en el contexto covid-19, la piel de los pacientes dermatológicos ha empeorado, “pero no por padecer la enfermedad, sino por el estrés social e individual sufrido durante este tiempo”, indica a DM Aurora Guerra, profesora Titular de Dermatología de la Universidad Complutense (UCM, y Jefa de Sección de Dermatología del Hospital Universitario 12 de octubre de Madrid, ambos en Madrid, quien sostiene que “las alteraciones psíquicas llevan a iniciar o potenciar patologías cutáneas o alteraciones estéticas”.

La piel ha empeorado
La dermatóloga ha coordinado este fin de semana el, junto con Elena González Guerra, del Servicio de Dermatología del Hospital Clínico de Madrid, y con Juan Escalas Taberner, del Servicio de Dermatología del Hospital Son Espases de Palma de Mallorca, la XVI Reunión del Grupo Español de Investigación en Dermatología Psiquiátrica, de la que son miembros, de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), en la que se han analizado aspectos de dermatología, psiquiátrica y covid-19 tanto para los pacientes como para los profesionales.

Desde la perspectiva del paciente dermatológico, y en relación con los que previamente presentan algún tipo de alteración mental, Guerra considera que la aparición de la covid-19 ha producido miedo al contagio, saturación de los hospitales, escasez de material sanitario y “sensación de impotencia, por ejemplo, al no poder visitar a los familiares o hacer una catártica despedida de los fallecidos”.

Desequilibrio biológico
El confinamiento también ha conllevado a la interrupción brusca de proyectos, al abandono de rutinas y trabajo, a cambios en la alimentación y en el sueño, sedentarismo o ejercicio físico sin control, así como a ausencia de contacto físico. “Físicamente, ha conllevado a un agotamiento de los mecanismos adaptativos. Aparece así el estrés con la consecuente sobreproducción de hormonas del estrés –glucocorticoides-, y a un aumento de citocinas que conducen a la inflamación”.

El estrés conlleva a una sobreproducción de glucocorticoides y aumento de citocinas que conducen a la inflamación

Este círculo supone que patologías cutáneas instaladas empeoran o aparecen otras como psoriasis, dermatitis seborreica, dermatitis atópica y efluvio telógeno.

“El efluvio telógeno o alopecia covid-19 se observa entre el tercer y cuarto mes después de haber sufrido la infección con fiebre. También aparece en individuos que pueden haber sufrido o no coronavirus, pero han tenido un gran impacto emocional con el desencadenamiento de las hormonas del estrés. La explicación a esta caída repentina del cabello se explica por un paso sincronizado y prematuro de numerosos folículos anágenos a telógenos”.

Fármacos para la covid-19
La dermatóloga señala que también son propensos a la alopecia por covid-19 las personas que están tomando determinadas medicaciones para combatir la infección como son los anticoagulantes y algunos antihipertensivos, así como los pacientes con medicamentos psicótropos que, a menudo, tienen el efecto secundario de alopecia en sí mismos”.

Se han acentuado además alteraciones estéticas previas o se inician nuevas: canicie, ruptura de programaciones estéticas, dejándose de hacer peeling, toxina botulínica, rellenos. Por tanto, “las alteraciones psíquicas llevan a iniciar o potenciar patologías cutáneas o alteraciones estéticas”.

En este sentido, subraya que los pacientes con alteraciones psiquiátricas previas, “han aumentado su grado de estrés con respecto a los que no las tenían, y por tanto han aumentado sus alteraciones cutáneas, pero no por la covid-19 sino por la situación social y sanitaria. Lo mismo ha ocurrido a la inversa: los pacientes con alteraciones cutáneas previas, han sufrido empeoramiento de las mismas, y por tanto, peor calidad de vida y mayor daño psicológico”.



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Elena González Guerra, recuerda que la mayoría de las consultas dermatológicas se pararon en los momentos más duros de la pandemia. “Dejaron de ser presenciales en los momentos álgidos, atendiendo por telemedicina (correo electrónico, teléfono, whatsapp). Superado el mayor impacto, se fueron suavizando las normas, aunque siempre con importantes medidas de prevención, tanto en los profesionales como en los pacientes: mascarilla, distancia social, pruebas de infección; medidas que también crean ansiedad por el estricto cumplimiento necesario”.

Atendiendo a grupos etarios, la especialista considera que, tal vez, los menos afectados han sido los niños y los adolescentes. “Su responsabilidad social es menor, y por tanto la repercusión psicológica, que produce el daño cutáneo, es también menor".

La repercusión en profesionales
En cuanto al efluvio telógeno, aunque se produce en ambos sexos, es más llamativo en las mujeres”. De hecho, Guerra matiza que, después de meses, el efluvio telógeno sigue siendo la patología más presente en las consultas de dermatología.

Todos los profesionales sanitarios han padecido las consecuencias directas e indirectas de la pandemia: “incertidumbre, temor, miedo, agotamiento, sentimiento de culpa… fatiga pandémica en todo su apogeo”. Además, a todo lo que que sufre la población general se añaden factores como el miedo al contagio propio, de familiares, dilemas morales, descanso o trabajo, decisión de ingresos y tratamientos, que tienen consecuencia, según la dermatóloga.

El riesgo de adicción y estrés postraumático es muy elevado entre profesionales, además de la depresión y la ansiedad

“Hay trabajos que refieren un 50% de profesionales con síntomas de depresión y un 70% con síntomas de ansiedad, insomnio y angustia. El riesgo de adicción y estrés postraumático es muy elevado. Se ha producido y se sigue produciendo en la actualidad en numerosos casos”, señala González-Guerra.

Son muchos, indica la dermatóloga, los profesionales que han requerido apoyo psicológico individual y grupal, aprendiendo estrategias de afrontamiento para reducir el estrés, la ansiedad y la depresión. Y no son pocos los que precisan tratamiento farmacológico. No obstante, aproximadamente un 50%, llegan a la adaptación e incluso a la resiliencia”.
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