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Linea Negra
28/06/2021 | El rostro de la pobreza farmacéutica
Carmen Torrente Villacampa
Lun, 28/06/2021 - 08:00
Las colas del hambre existen también para los medicamentos y los casi 2 millones de personas que los necesitan, a veces más que un plato de lentejas, y no pueden pagárselos. Fructuoso Martínez es uno de ellos. Español de 58 años, sufrió cuatro infartos en Venezuela, donde trabajaba como empresario (“el gobierno me lo quitó todo y sufrí tres secuestros”); ha sido operado cuatro veces y tiene cinco stent en el corazón.

“En diciembre de 2018 llegué de Venezuela a Barcelona con una mano delante y otra detrás. Me acompañaban mi mujer, venezolana, y cuatro de mis cinco hijos”, explica quien gasta más de 50 euros al mes en fármacos, toma nueve pastillas diarias y vive en una casa alquilada con sus padres (en total, nueve personas).

También tiene dificultades María Teresa Rodríguez Escobar, de 63 años. Acude cada 15 días a recoger alimentos, pero antepone los fármacos a la comida: “Para mí la medicación es vital”, afirma quien ha llegado a comer solo patata cocida por no quedarse sin sus parches para la fibromialgia, que le cuestan 145 euros y los raciona para emplear en los peores días de un brote, ni sin sus plumas para la insulina.

O Javier Romeu, de 51 años, que está a la espera de un trasplante de corazón, con una medicación que le supone más de 200 euros al mes: “Soy una bomba de relojería. Me tomo entre 15 y 20 pastillas al día. Hay una especial para el corazón que cuesta 45 euros la caja, y necesito dos cajas al mes. Antes de recibir ayudas, no me compraba la medicación más cara”.

Todos, enfermos crónicos polimedicados, son la cara visible de la pobreza farmacéutica. No tienen trabajo y no tienen ingresos. Son beneficiarios de la ONG Banco Farmacéutico, que ayuda a costear los tratamientos cubiertos por la Seguridad Social con importe superior a 20 euros al mes durante seis meses (prorrogables), siempre y cuando el paciente cumpla una serie de requisitos, evaluados antes por la trabajadora social sanitaria.

"Si no fuera por Banco Farmacéutico, muchos pacientes no tendrían su medicación y, probablemente, morirían" (Carles Gimeno, farmacéutico de Barcelona)

La pandemia del SARS-CoV-2 ha hecho que estas ayudas hayan aumentado un 30% en el primer trimestre de 2021 respecto al mismo periodo de 2020. A día de hoy, más de 700 farmacias y más de 220 centros de Atención Primaria (AP) colaboran altruistamente con esta ONG que ha cubierto 7.000 planes de medicación desde 2017, cuando creó el Fondo Social de Medicamentos, y cuenta con 720 beneficiarios en activo en Cataluña, Aragón y Madrid.

“En el primer trimestre de 2021 atendimos a 501 beneficiarios, un 30% más respecto al primer trimestre de 2020”, explica Homero Val, que gestiona el Fondo Social de Medicamentos en Cataluña y Aragón. Tal ha sido la avalancha de peticiones que tuvieron incluso que dejar de aceptar nuevos beneficiarios de manera temporal hasta recibir más fondos.

El Barómetro Sanitario del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de 2019 reveló que el 2,6% de los españoles había dejado de tomar alguna medicación prescrita por motivos económicos. El CIS no ha actualizado este dato, pero Banco Farmacéutico estima que la pobreza farmacéutica por efecto de la covid-19 puede haber subido hasta el 4%, lo que arrojaría la cifra de 1.893.785 personas que no pueden sufragarse sus tratamientos. Val añade que se necesitarían cerca de 14 millones de euros para atajar la pobreza farmacéutica en España.

Invisibles para la administración
Carina Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP), comenta que “los pacientes estamos en una situación de invisibilidad en cuanto a derechos sociales. Para que haya un reconocimiento sanitario tiene que haber un reconocimiento socioeconómico, pero sólo está adscrito a la dependencia y a la discapacidad. Si sólo tienes enfermedad, estás en tierra de nadie”.

Val afirma que Banco Farmacéutico es una ONG “cuyo objetivo a largo plazo es desaparecer y que la necesidad quede atendida por la Administración; que la sociedad asuma una realidad de pobreza farmacéutica que no reconoce actualmente, porque no hay una partida presupuestaria para atender a esta población”. Y aclara que la ONG no actúa en autonomías donde la Administración ya ofrece compensaciones frente al copago, porque no se pueden duplicar ayudas.

Javier Romeu se enteró de que existía Banco Farmacéutico a través de la asistente social de su centro de AP: “Fui pidiendo ayudas a la Generalitat... y todos decían que no había nada. Ella me habló de Banco Farmacéutico. Lo intentamos varias veces, porque no siempre está abierto el cupo, hasta que lo conseguimos. Llevo cuatro meses y se me acaba en agosto”, se lamenta unos días antes de ser hospitalizado a causa de su patología coronaria. ¿Qué hará después? “El próximo mes mirarán a ver si puedo continuar en el programa o buscarán otro sistema. También se puede hacer a través de la Cruz Roja”, comenta. Y es que su hermano, también enfermo del corazón (como los otros dos hermanos y el padre, que murió por esta causa), es beneficiario de esta institución, pero las ayudas son “residuales”, según aclara Cruz Roja a este medio, aunque en 2020 ayudaron a 600 usuarios.

"Sufrí cuatro infartos en Venezuela. Trabajaba como empresario, me secuestraron y el Gobierno me lo quitó todo" (Fructuoso Martínez, paciente)

“No paran de prescribirme medicación y cada vez es más cara. La Seguridad Social me financia un 40% según mi renta, aunque ahora mismo es cero. El Banco Farmacéutico me lo paga todo”, señala Romeu, quien se define como “una bomba de relojería”, con una agenda repleta de citas con diferentes especialistas médicos de dos hospitales: Bellvitge y Valle de Hebrón. “Tengo médicos casi todos los días: neumólogo, cardiólogo, psiquiatra, dietista, endocrino, nutricionista, oftalmólogo... y seguro que me dejo alguno”, enumera con humor. “A la farmacia voy una o dos veces al mes. De pagar 200 euros a no pedir a la familia, que tampoco le sobra el dinero”.

Rodríguez Escobar también ha estado recibiendo ayudas de esta ONG hasta el 9 de marzo, cuando se le acabó, justo un día antes de quedarse sin sus plumas para la diabetes, que no pudo costear. Ahora sigue recibiendo ayudas sociales (hasta finales de julio) y emplea una tarjeta monedero de la Caixa con 100 euros mensuales, facilitada por su asistente social, para gastar en comida y fármacos, debiendo guardar los tickets. A pesar de no tener renta ni trabajo y de vivir con sus padres casi nonagenarios, no cobra ni el ingreso mínimo vital. ¿La razón? Su nombre aparece en el registro mercantil, al haber sido propietaria de una empresa que vendía electrodomésticos de segunda mano en África, donde ha sido cooperante, y que quebró a raíz del fraude de un socio. “Ahora no me entra nada de dinero”, se lamenta; padece además de distimia (depresión persistente), ansiedad, diabetes, insomnio crónico, fibromialgia, colesterol alto... “Tengo de todo, y no me entra nada de dinero. La pandemia me ha agudizado la ansiedad y la depresión”.

¿Por qué la Administración no contempla estas situaciones? Val aclara que el porcentaje de aportación en farmacia depende de la renta del año anterior y que la actualización del nivel fiscal no es automática. Si bien en principio las ayudas de Banco Farmacéutico no son para los pensionistas, también hay excepciones, según indica Val: “Pusimos el límite de 20 euros para dejar fuera a este colectivo. Aun así, las trabajadoras sociales sanitarias saben que pueden generar el alta de un paciente pensionista que no puede hacer frente a esos 8,23 euros (copago del 10%) si su renta es de menos de 18.000 euros. Suelen ser pensionistas viudos, con 450 euros al mes de pensión, pero a cargo de hijos y nietos”.

Val sostiene que el perfil general de los beneficiarios son pacientes crónicos, de entre 40 y 55 años, la mayoría con hijos, con nivel de estudios de primaria o no finalizados. Están en edad laboral, pero con un copago del 40% de su medicación.
Tanto María Teresa Rodríguez Escobar como Javier Romeu y Fructuoso Martínez residen en Barcelona, pero Madrid también sufre de pobreza farmacéutica. De hecho, el Servicio Madrileño de Salud y Banco Farmacéutico acaban de renovar el convenio de colaboración, vigente desde 2019. Actualmente operan en los doce centros de salud del distrito Puente de Vallecas y los tres del Distrito Villa de Vallecas, con intención de extenderlo a los seis centros de salud del distrito de Usera.

Farmacias solidarias
Los hermanos Manuel y Arturo Martínez Padial son los titulares de una botica en Entrevías, enfrente de un centro de salud. Explican que casi todos sus pacientes son iberoamericanos, pero recuerdan el caso de un español que les llamó la atención. Le costó mucho reconocer que necesitaba ayuda: “Tenía un niño con una patología grave que necesitaba una formulación magistral bastante laboriosa y cara, porque tenía hipertensión y un problema en el hígado”. Como era un trabajador activo y no cumplía los requisitos, le tocaba pagar 40 ó 50 euros cada mes. “Nunca dejó de llevarse la medicación para su hijo, pero al padre le daba vergüenza pedir ayuda. Nosotros le fiábamos y conseguía ayudas de la parroquia, con una monja que pagaba su aportación. Le hablamos de Banco Farmacéutico y fue a la asistente social. En cuanto acudió al centro de salud y pidió la ayuda, se la dieron en el mismo día”, recuerdan.

"Nuestro objetivo a largo plazo como ONG es desaparecer y que la Administración atienda estas necesidades" (Homero Val, de Banco Farmacéutico)

Ambos farmacéuticos explican que mantienen una relación muy fluida con la trabajadora social, en parte porque su botica está muy cerca del centro de AP: “A veces vamos in situ a valorar la cuantía del tratamiento, porque tiene que pasar de 20 euros al mes para que Banco Farmacéutico se lo pague. Hacemos una simulación de presupuesto, del consumo mensual de receta electrónica”.

Esta elaboración del presupuesto por parte de la farmacia es una mecánica que siguen todas las boticas inscritas en el programa, como aclara Val. “Una vez que el paciente está dado de alta por la trabajadora social, hacemos una reserva virtual de una bolsa de dinero por los seis meses de tratamiento. El farmacéutico accede a la misma intranet que la trabajadora social, introduce el CIP o número de tarjeta sanitaria del paciente y verifica que está dado de alta”, relata.

Luego el farmacéutico va introduciendo en la intranet la medicación que dispensa y, cada vez que el paciente va a la farmacia, firma una hoja. A final de mes la propia intranet genera una autofactura y se la envía automáticamente al farmacéutico para validarla. Este lo comprueba con sus tickets de caja, escanea la hoja de recibo y el Banco se lo paga a la farmacia, en el caso de Madrid a 60 días de la fecha de factura. “Varía, porque en cada provincia tenemos un convenio firmado con el COF: los 4 de Cataluña, los 3 de Aragón y el de Madrid”, explica Val.

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Carles Gimeno, titular de la farmacia de Barcelona que dispensa sus fármacos a Javier Romeu, señala que el proceso da un poco de trabajo y la ONG tarda en pagar, “pero para las farmacias es perfectamente asumible que te paguen 150 euros en tres meses. Yo tengo 10 pacientes de Banco Farmacéutico. Si no fuera por esta ONG, no tendrían su medicación y, muy probablemente, no vivirían. Al principio venían más sudamericanos, pero ahora también hay población autóctona y algún marroquí”.

Los farmacéuticos Martínez Padial, en Madrid, reconocen que “hay que duplicar el trabajo, pero merece la pena. Lo hacemos al final del día o al mediodía, cuando estamos más libres. Tenemos la burocracia normal de la receta electrónica, y luego se duplica porque hay que cargarlo en un segundo programa, el de Banco Farmacéutico, y lo hacemos de forma manual, para validar el ticket”.

"Soy una bomba de relojería. Tomo entre 15 y 20 pastillas al día. Solo las del corazón me cuestan 90 euros" (Javier Romeu, paciente)

Jara Zotes, responsable de proyectos Zona Centro España en Banco Farmacéutico, detalla que en Madrid empezaron en 2019 con una prueba piloto con menos de 10 pacientes al mes, pero “el incremento ha sido sustancial a raíz de la covid. En marzo de 2021 tuvimos 38 altas, frente a las 10 de enero-febrero de 2020. Y pasamos de pagar 1.400 euros de medicación en marzo de 2020 a 4.700 euros en marzo de 2021”.

Zotes comenta que muchas ayudas puntuales se están convirtiendo en crónicas, y que a veces también cubren a personas que están regularizando su situación, con ingresos casi nulos o sin casi, y con una enfermedad crónica que han de seguir pagando.

Fármacos para el sistema nervioso
Zotes es uno de los miembros del Observatorio de la Pobreza Farmacéutica (OPF) de esta ONG, integrado por profesionales de diferentes especialidades (farmacia, medicina, sociología, geografía, economía…), que realiza el procesamiento estadístico de los datos. Un estudio que realizaron en 2018 en Cataluña, extrapolable a toda España y a día de hoy, señala que la mayoría de beneficiarios necesita medicamentos para el sistema nervioso (79%), seguidos de fármacos para el sistema musculoesquelético (68%), el tracto alimentario y metabolismo (68%) y, por último, productos sanitarios (19%).

"Muchas ayudas puntuales se están convirtiendo en crónicas. La covid las ha incrementado" (Jara Zotes, de Banco Farmacéutico)

A este respecto, Jordi Bosch, director del Observatorio, señala que el ranking lo siguen liderando los medicamentos para el sistema nervioso: “La pandemia ha incidido mucho en salud mental, donde el sistema nervioso tiene un papel preponderante. Las patologías de las personas vulnerables son recurrentes”. Lo que sí ha aumentado mucho con la pandemia es ese 19% observado en 2018 para productos sanitarios, con motivo de la necesidad de mascarillas.

Bosch añade que el Real Decreto-ley 16/2012, de 20 de abril, que fijó los porcentajes de aportación (copagos), impactó de forma clara más tarde: “Ahora la pandemia ha repercutido mucho más y, con este Observatorio, se van a hacer estudios más serios. Los enfermos crónicos tienen que elegir entre comer o medicarse”.

Quién ayuda a combatir la pobreza farmacéutica
El 1 de enero de 2021 entró en vigor la exención de copago farmacéutico para colectivos vulnerables, que suponen 6 millones de personas: con prestación económica por hijo a cargo, pensionistas con rentas bajas y menores de edad con un 33% o más de discapacidad.

El paciente Fructuoso Martínez muestra una hoja que le acredita como beneficiario de Banco Farmacéutico hasta el próximo mes de noviembre. /Jaume Cosialls.
El paciente Fructuoso Martínez muestra una hoja que le acredita como beneficiario de Banco Farmacéutico hasta el próximo mes de noviembre. /Jaume Cosialls.
Algunas administraciones tienen su propias ayudas frente al copago. Es el caso de la Administración vasca, que lleva ocho años consecutivos ofreciendo ayudas, con más de 669.000 solicitudes tramitadas por un importe superior a los 37 millones de euros; a esto hay que añadir los 7.429.800 consignados en los presupuestos de 2021. A su vez, la Comunidad Valenciana tiene una partida prevista para 2021 de 67,4 millones. También hay mutuas como Muface que contemplan ayudas para sus mutualistas.

Aun así, todavía hay quien debe seguir pagando su aportación en unos medicamentos que no se puede permitir. En Barcelona, Fructuoso Martínez ha recibido ayudas de Cruz Roja y ahora es beneficiario de Banco Farmacéutico (que no permite duplicar ayudas) hasta noviembre. ¿Qué hará después? Ni se lo plantea. Vive el presente y confía su vida a la trabajadora social, que sirve de enlace entre el paciente, el Sistema Nacional de Salud (con los médicos del centro de salud y las farmacias en el caso de Banco Farmacéutico) y las diversas ONG que combaten la pobreza farmacéutica.

Banco Farmacéutico no es la única, pero sí difiere en su forma de ayudar. De hecho, Cáritas reconoce a este medio que no contempla una partida específica para medicamentos, sino que se trata de una ayuda más global a la persona, al igual que Cruz Roja que, pese a todo, aclara que este último año han ayudado a pagar sus fármacos a 600 personas.

Farmacéuticos Sin Fronteras cuenta con un programa llamado Asistencia Farmacéutica a Cuarto Mundo. Cuenta con la participación de los trabajadores sociales de los centros de salud de Madrid, Zaragoza, El Ejido, Illescas y Barcelona. Los pacientes atendidos durante 2020 en este programa son un centenar, pero sólo contempla la atención a personas con tarjeta sanitaria en vigor: “Quedarían fuera los migrantes en situación irregular, debido a la escasez de recursos que podemos dedicar, ya que no contamos con subvenciones públicas ni privadas”, explican desde esta ONG.

No es este el caso de Banco Farmacéutico, que recibe fondos públicos y privados. Aparte del Fondo Social de Medicamentos, Banco Farmacéutico engloba más proyectos para ayudar a los más vulnerables, como personas que no tienen tarjeta sanitaria. Es el caso del Fondo Social de Emergencia.

También cuentan con el llamado Fondo Social de la Menstruación y Equidad Menstrual. “La pobreza menstrual se refiere a mujeres que no pueden comprar los productos higiénicos asociados a la menstruación; la equidad menstrual supone menores de edad que hacen absentismo escolar los días de la menstruación, bien por motivos culturales o económicos. Una de cada diez niñas hace absentismo escolar en Europa por esta causa”, explica Homero Val, director de proyectos en la ONG.

Por ello, imparten talleres y han distribuido ya 20.000 lotes de productos de una donación de 2 millones. Lo ideal, explica Val, es seguir a países como Francia, que en febrero publicó un decreto por el que todas las universitarias tienen acceso gratuito a estos productos. Aquí sólo lo ha hecho la Universidad de Vigo.
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