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Linea Negra
08/12/2021 | El farmacéutico también puede participar en el cribaje de la DMAE, educación sanitaria y la optimización de la terapia
Gema Suárez Mellado
Mié, 08/12/2021 - 08:00
"En España se estima que la prevalencia de la degeneración macular asociada a la edad (DMAE) temprana es de un 15% en las personas entre 65 y 74 años; de un 25%, en las de 75 a 84 años, y del 30%, en los mayores de 85 años. Las cifras concretas que se manejan son de una incidencia de 14.748 casos nuevos de DMAE exudativa. Además, se calcula que hay unas 700.000 personas con DMAE en España (una prevalencia del 1,5% respecto a la población global), pero la estimación dice que más de la mitad está sin diagnosticar, y es ahí donde la farmacia comunitaria puede hacer una importante labor de cribado y derivación al especialista". Con estos datos el Consejo General de COF defiende el papel de la farmacia en la detección precoz de esta enfermedad y, por ello, ha puesto en marcha una campaña para impulsar esta labor.

Además de la detección precoz, defiende el papel del farmacéutico en la promoción de la salud ocular y educación sanitaria, dando "información sobre la DMAE y sobre los recursos sociales ofrecidos por ayuntamientos o asociaciones de pacientes"; y en la optimización de la farmacoterapia en pacientes en tratamiento.

Para ello, ayudar al farmacéutico en esta labor, el Consejo de COF ha elaborado un informe técnico y una infografía dirigidos a los farmacéuticos, donde explica prevalencia, diagnóstico y tratamiento de la DMAE, y una infografía para pacientes en la que se explican de forma sencilla y breve los tipos de DMAE (neovascular, húmeda o exudativa y seca o atrófica), signos y síntomas, causas, consejos del farmacéutico y cuándo acudir al médico.

Signos frecuentes
En el informe técnico para farmacéuticos, el Consejo de COF advierte de que durante los primeros estadios de la enfermedad y, sobre todo si sólo está afectado un ojo, "es tremendamente difícil detectar la enfermedad debido a su sintomatología, ya que el propio paciente no lo nota y no se sospecha a menos que en una revisión rutinaria se le detectara un descenso de la agudeza visual en un ojo". Es más, insiste en que "cuando el paciente percibe los síntomas normalmente la enfermedad se encuentra avanzada en uno de los ojos y no es hasta cuando empieza a verse afectado el segundo cuando se da cuenta de que algo va mal".

Los signos más frecuentes de la enfermedad son:

Agudeza visual central disminuida.
Disminución de la visión en color.
Escotoma (mancha fija en la visión central).
Disminución de la sensibilidad al contraste.
Metamorfopsias, es decir, percepción alterada o distorsionada de los objetos presentes en el campo visual, viendo las líneas rectas como onduladas o distorsionadas; micropsias, cuando disminuye el tamaño de la imagen, o macropsias, si el tamaño aumenta.

Para contribuir al diagnóstico precoz, el Consejo recuerda que los farmacéuticos-ópticos podrán llevar a cabo cribados con la prueba de la rejilla de Amsler, "que es una cuadrícula de líneas horizontales y verticales perpendiculares entre sí de 10x10 centímetros formando 400 cuadrados. En la parte central encontramos un punto. Podemos encontrarlos de fondo negro con las líneas y el punto central blanco; o el fondo blanco y las líneas y el punto central negros".

La organización colegial advierte de que esta prueba se tiene que hacer bajo la supervisión de un profesional sanitario conocedor de la misma para formar al paciente correctamente. "Se realiza de forma monocular y utilizando gafas o lentillas si el sujeto las utiliza previamente revisadas. Primero se coloca la rejilla a una distancia aproximada de 30-40 centímetros del sujeto a la altura de los ojos; después el paciente debe fijar la vista en el punto central de la rejilla, y con la visión periférica tiene que decir cómo ve las rayitas, si están rectas, si se deforman o si observa alguna alteración".

En casos en los que hay escotoma podría no ver el punto central.

"Es primordial -prosigue el informe técnico- que el optometrista compruebe la refracción del paciente, ya que la prueba puede dar resultados erróneos si las gafas con las que el paciente realiza la prueba tienen una mala graduación, ya que la prueba ha de hacerse con la corrección del paciente, teniendo en cuenta que casi siempre serán mayores de 50 años y la presbicia ya está presente a esa edad".

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Factores de riesgo
En el informe técnico dirigido a los farmacéuticos, el Consejo de COF detalla que, además del componente genético, hay una serie de factores que aumentan el riesgo de desarrollarla, que son los siguientes:

Antecedentes familiares: si algún familiar inmediato la ha padecido, es más probable padecerla. Fumar: el tabaquismo causa daño oxidativo, disminuyendo la cantidad de oxígeno que llega a la retina contribuyendo al desarrollo y progresión de la enfermedad. El hábito de fumar aumenta de dos a cinco veces la posibilidad de desarrollar DMAE.
Género: se ha descrito una mayor incidencia entre mujeres, que podría estar relacionada con la esperanza de vida, la cual es mayor en el caso del género femenino.
Genética: casi tres de cada cuatro casos tienen alguna relación genética con la enfermedad. Los caucásicos son más propensos a desarrollar DMAE, ello se relaciona con diferencias en pigmentación y aspectos genéticos.
Exposición solar prolongada: algunos estudios apuntan que la radiación ultravioleta puede causar lesiones oculares acumulativas que pueden dañar la retina y aumentar el riesgo de DMAE.
Dieta: dietas elevadas en grasa, colesterol y alimentos de alto índice glucémico, y baja en antioxidantes y vegetales de hojas verdes pueden ser más propensas a desarrollar DMAE. Obesidad: un IMC elevado se relaciona con la probabilidad de desarrollar DMAE en un futuro. Presión arterial alta: valores elevados y sostenidos de presión arterial elevada disminuye el flujo de oxígeno en la retina, lo que causa un daño oxidativo y favorece la progresión de la DMAE. Color de los ojos: las personas con ojos claros son más propensas a desarrollar DMAE de tipo seco. Se relaciona con la pigmentación clara de los ojos, que ofrecen menor protección solar contra los efectos nocivos de la luz ultravioleta.
Inactividad: el ejercicio físico mejora la salud cardiovascular y previene la aparición de factores de riesgo como obesidad o hipertensión.
Presencia de DMAE en un ojo: si una persona tiene DMAE en un ojo, tiene mayor probabilidad de desarrollarlo en el otro ojo.
Tipos de DMAE
Como explica el Consejo de COF, existen dos tipos de DMAE: la húmeda, también llamada exudativa o neovascular, y la seca o atrófica. Se estima que el 86% de las DMAE son atróficas y el 14% exudativas.

"La DMAE húmeda produce una pérdida de visión central muy rápida y se considera como la forma más avanzada y severa de DMAE". El síntoma más común del tipo húmedo es que las líneas rectas se ven onduladas y también puede aparecer un punto ciego pequeño. "Cuando esto se produce -alerta la organización colegial-, es muy importante derivar el paciente al oftalmólogo para una revisión exhaustiva del fondo del ojo".

En cuanto a la DMAE seca, el singo más común es la aparición de drusas, que son "depósitos amarillos que se encuentran debajo de la retina, que aparecen alrededor de los 60 años. Su presencia se relaciona con la pérdida de visión y, como consecuencia, con la DMAE. Un aumento de tamaño y número de drusas está directamente relacionado con un aumento del riesgo de padecer la enfermedad. Las drusas se detectan con exámenes de fondo de ojo y pupilas dilatadas, por ese motivo es muy importante hacer revisiones periódicas al oftalmólogo, sobre todo si hay antecedentes familiares", aconseja.

Además, la DMAE seca se caracteriza por tener visión borrosa.

Las drusas son depósitos amarillos que se encuentran debajo de la retina y aparecen alrededor de los 60 años

Según el Consejo, recientemente se ha consensuado clasificar la DMAE en función de la gravedad, dependiendo del tamaño de las drusas o de las alteraciones pigmentarias de la zona (hiperpigmentación o hipopigmentación en dos diámetros de disco respecto de la mácula).

Así, existe la DMAE precoz (drusas medianas, de entre 63 y 125 micras y ausencia de alteraciones pigmentarias); la DMAE intermedia (drusas grandes mayores de 125 micras y/o cualquier alteración pigmentaria que pueda relacionarse con DMAE), DMAE avanzada, que es la DMAE húmeda y la atrofia geográfica.

Complementos alimenticios para la DMAE
En el informe técnico del Consejo se subraya que la terapia para la DMAE neovascular se realiza con fármacos antiVEGF administrados de forma intravítrea mediante una inyección. "Estos fármacos bloquean el factor de crecimiento endotelial, que es el más directamente implicado en el desarrollo de los neovasos y la creación del fluido en la retina", añade el informe. Entre los principios activos utilizados destacan bevacizumab, aflibercept, ranibizumab y pegaptanib de sodio.

En cambio, la DMAE seca "no tiene un tratamiento específico más allá de suplementos nutricionales encaminados a ralentizar el avance de la enfermedad y reducir el riesgo de la aparición de la forma neovascular".

Sobre estos complementos, se informa de que la fórmula para la prevención y tratamiento de la DMAE debe tener vitamina C (500 mg); vitamina E (400 UI); betacaroteno (15 mg); zeaxantina (2 mg); luteína (10 mg); zinc (80 mg), y cobre (2 mg).

"Las necesidades de estas vitaminas y nutrientes son mayores que las que se pueden asimilar en la dieta, de ahí la necesidad de suplementos", argumenta el Consejo en el informe.

La terapia para la DMAE neovascular se realiza con fármacos antiVEGF administrados mediante una inyección

Sobre los omega 3, señalan que "no aportara mejoría a la fórmula en cuanto a lo que DMAE se refiere", pero afirman que sí son beneficiosos "para otros aspectos oculares, como la sequedad ocular, de ahí que en algunas presentaciones del mercado se siga manteniendo".

"Aun así, hasta el momento al no tener tratamientos con resultados especialmente satisfactorios, hay que educar a la población sobre determinados factores de riesgo que son evitables mediante un correcto estilo de vida. En este sentido la alimentación en un factor clave en esta enfermedad, por lo que hay que recordar los beneficios de una dieta rica en verduras y frutas a diario y pescado mínimo dos veces por semana", defiende el Consejo.

Ayudas de baja visión
El informe técnico dedica un apartado a las ayudas ópticas especializadas, "que pueden mejorar la calidad de la visión.

En cuanto a las ayudas de tipo óptico, menciona las lupas de mano o con apoyo, sin luz y con luz; los telescopios: para visión lejana; la telemicroscopia, para distancias medias y cortas; los sistemas de aumento de imagen por pantallas, y prismas para gafas de cerca de alta graduación.

En las que no son de tipo óptico, se engloban los filtros, que protegen la retina de la radiación, atenúan el deslumbramiento y aumentan el contraste; la iluminación adecuada; el tamaño de ciertos objetos; los audiolibros; el aumento del contraste en los objetos de casa (colores vivos y distintos); relojes parlantes y mesas y atriles, para procurar tener fijo el libro y que solo se mueva el paciente.

La última novedad viene de la mano de la digitalización, como son los sistemas visuales a base gafas con cámara de realidad aumentada.

Impacto en la calidad de vida
El Consejo también dedica un apartado al impacto de la DMAE en la calidad de vida del paciente. Así, informa de que, si bien no conlleva un compromiso vital, provoca un importante deterioro de la calidad de vida; de hecho, el 77% de los pacientes españoles refieren haberse vuelto más dependientes, el 71% precisa ayuda para llegar al hospital o consulta de oftalmología. El 65% de los pacientes consideran que hay obstáculos en la forma de tratar la DMAE exudativa como por ejemplo el tratamiento en sí mismo por su vía de administración (inyección intravítrea), resultados poco esperanzadores y el alto coste del tratamiento. Otro dato apunta a que hasta un tercio de los pacientes diagnosticados ha sufrido alguna caída en los dos últimos años.
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